Katia Dolle es pionera en España en el Tratamiento Biológico del TDAH con Medicina Ortomolecular.
Actualmente da conferencias en Cataluña acerca del desarrollo de su terapia y de sus investigaciones en el tratamiento natural del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad
Cada niño es diferente, y según en su cerebro existan zonas hiperactivas y/o hipoactivas su comportamiento variará. Existen 6 tipos diferentes de TDAH( Trastorno de déficit de atención e hiperactividad):
Tipo 1: TDAH Clásico: Desconcentrado, desorganizado, hiperactivo, no está quieto, Impulsivo
Tipo 2: TDAH Disperso: Se distrae con facilidad, no se concentra, pero no hay hiperactividad. A veces apático y apagado.
Tipo 3: TDAH Sobreenfocado: Exceso de preocupaciones, argumentativo y compulsivo, a veces se ve atrapado en pensamientos negativos recurrentes
Tipo 4: TDAH Lóbulo Temporal: Facilidad de enojo y cólera, periodos de pánico y miedo, ligeramente paranoico.
Tipo 5: TDAH Límbico: apatía, poca energía. Aislamiento social, depresión crónica leve. sentimientos de desesperanza.
Tipo 6: TDAH Círculo de fuego: Agresivo, enfadado, susceptible al ruido, luces, colores, ropa y al tacto, es a veces inflexible, comportamiento impredecible.
El tipo 1 clásico es el que mejor responde al tratamiento farmacológico, los demás pueden incluso empeorar. Normalmente se combinan varios de estos tipos, con lo cual la medicación puede resultar inefectiva o contraproducente. En consulta se hace un test para determinar la tipología del niño, y se propone el tratamiento biológico que le corresponde según los resultados, para corregir la alteración bioquímica concreta relacionada con su trastorno.
La imagen de la izquierda muestra el riego sanguineo en el cerebro en el caso de salud. En el TDAH sin embargo existe hipoperfusión cerebral ( falta de riego sanguíneo). En los SPECTs de estos niños se observan “huecos” que corresponden con las zonas mal irrigadas, que causan los síntomas del TDAH. Al niño no le llega la sangre bien a ciertas áreas cerebrales y por eso se le altera el comportamiento (lo mínimo a esperar en una falta de oxígeno). En psiquiatría esto se remedia prescribiendo anfetaminas para hiperactivar las funciones cerebrales de manera forzada. Con terapia biológica se trata la causa sin necesidad de recurrir a drogas.
¿Como corregimos la bioquímica?
Supongamos que el niño tiene un TDAH clásico. Este, en concreto, se debe a una hipoperfusión cerebral en el lóbulo frontal. Cada vez que el niño trata de concentrarse esta zona del cerebro “se apaga”. Solamente si el niño tiene un muy especial interés en algo, bajo una respuesta adrenalínica de sus glándulas suprarrenales es capaz de concentrarse. Todo este cuadro se debe a una deficiente captación de dopamina en el cerebro. La dopamina es un neurotransmisor. Los precursores de la dopamina es la tirosina, un aminoácido (los componentes de las proteínas son aminoácidos), que ingerimos con la alimentación. La deficiencia de alguno de estos aminoácidos, provoca que el cuerpo pueda formar menos dopamina, en este caso. La terapia biológica, suplementa estos aminoácidos para que el cuerpo pueda sintetizar de forma natural más cantidad de neurotransmisores y así compensar el déficit existente.
Además se trata la hipoperfusión cerebral (falta de riego sanguíneo en el cerebro) asociada al TDAH con plantas medicinales, se propone una dieta específica para favorecer la síntesis de neurotransmisores y se estudian las posibles causas subyacentes o asociadas.
He observado que muchos de los niños hiperactivos tienen intoxicaciones por mercurio u otros metales pesados, intolerancias alimenticias e intestinos muy permeables, así como alergias cerebrales. Cuando existen estas alteraciones se tratan conjuntamente con los déficits de neurotransmisores, para conseguir restaurar la salud en su conjunto psicoemocional y fisiológico.
Otras de las causas que he observado es que algunos de estos niños inician los cuadros de hiperactividad tras traumatismos craneales. Muchos de ellos reciben su primer impacto craneal al nacer por cesárea, en las cuales la forma de sacar al niño del vientre materno produce una impactación occipital con una alteración del bulbo raquídeo. En algunos casos esto se complica con lesiones uni– o bilaterales del músculo esternocleidomastoideo.
En estos casos la terapia craneo-sacral, la osteopatía y el yoga estarán indicados.